El programador de plástico

Erase una vez un consultor que trabajaba asesorando a los programadores. Los programadores llegaban, planteaban sus dudas y el consultor les ayudaba.

El consultor se dio cuenta que, en numerosas ocasiones, los programadores empezaban a plantear sus dudas y al finalizar la explicación, ellos mismos daban con la solución.

Dispuso en la entrada de su despacho un muñeco de plástico. Todo aquel que fuera a realizarle una consulta, debía hacérsela al muñeco. Para la sorpresa de muchos de los programadores, el mecanismo funcionaba en algunas situaciones…

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